El Tema de Hoy Redacción noviembre 1, 2019 (0) (180)

ESTRÉS Y PRESIÓN ACADÉMICA: LOS ENEMIGOS SILENCIOSOS DE LOS ESTUDIANTES

El 2 de septiembre de 2019, un alumno del Centro de Enseñanza Técnica Industrial (CETI), plantel Colomos, cayó de un tercer piso provocándose lesiones graves, y aunque la versión que dio la institución y la Policía de Guadalajara dicen que fue un accidente, alumnos que presenciaron el acto, mencionan que el joven de 17 años intentó cometer suicidio. 

Ante esto, un grupo de estudiantes en redes sociales, expresaron su opinión respecto a la dinámica que se vive dentro del CETI, institución en donde consideran han desarrollado problemas de salud mental.


Por Eric Sandoval/@eric20san

Ilustración de portada e interiores: CC20

“Yo normalicé lo que ocurría. Los primeros semestres decía: «No sé nada. No sé qué está pasando. No tengo habilidad para esto». Me hizo sentir que no podía, hasta que después agarré la onda, entendí cuál es el nivel de exigencia, y lo acepté”,cuenta Marco Nájera, ex-alumno del CETI Colomos en etapa de bachillerato tecnólogo e ingeniería en la universidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), define salud mental como: “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”. La misma OMS, señala que para el 2020, la depresión será la primera causa de discapacidad a nivel mundial.

Marco es un joven de 28 años, quien estuvo entre 2006 y 2013 en el CETI Colomos. De ahí se tituló como: Tecnólogo en Control Automático e Instrumentación y como Ingeniero Industrial; sin embargo, Marco piensa, siete años después, que todo el estrés y la carga laboral que sufrió, no valen la pena por decir: “egresé del CETI”.

“Hasta hace poco me doy cuenta que nosotros sentíamos que era normal ese nivel de exigencia. La gente dice que ese es el sello del CETI, ese nivel de exigencia, que si no pueden se salgan, que se necesita gente que pueda soportar el estrés”, comenta Marco, quien entró al CETI influenciado por su padre y sus antiguos maestros, porque antes de que él ingresara, nadie hablaba mal del plantel.

Marco también piensa que niveles como bachillerato, no tendrían por qué llevarte a niveles altos de estrés y ansiedad, al punto de colapsar. También recuerda que un tercio de su generación en la etapa tecnóloga, no llegó a graduarse, algunos porque ya no pudieron más con la carga académica, como es el caso de su compañero Jorge Tovar.

Jorge, al igual que Marco, resintió la carga que representaba estar en una escuela con una exigencia mayor a las demás; sin embargo, él optó por darse de baja del plantel:

“Yo venía de muy buenas calificaciones en la secundaria, tenía un promedio perfecto, para después venir y chocar que en el CETI alguien reprueba con 69”, recuerda Jorge, quien ahora se dedica al teatro.

Jorge vivía a una hora del plantel, y afirma que con la carga de tareas que tenía que hacer y las 10 materias que llegaba a tener, no dormía bien y le afectaba su rendimiento en la escuela; por esto, sumado a su ausencia de vocación, comenzó a desarrollar depresión.

“Acudí con el Gabinete de Orientación Educativa (GOE), para solicitar ayuda y me mandaron con una pedagoga y una psicóloga; la pedagoga me hizo un plan para poder organizar mis tiempos y seguir trabajando; y la psicóloga realmente no sentí que me ayudara, me servía para desahogarme, pero no me ayudaba realmente con mi problema”, cuenta Jorge, quien después de un año de haberse dado de baja, consideró el suicidio como secuela de su depresión.

El término fracaso pasó por la mente de Jorge varias veces. Al comentarle a sus padres sobre su decisión de salir del plantel, sólo le comentaron: “déjalo, pero haz algo”.

El papel de la familia

Los padres son parte fundamental del desarrollo vocacional de los jóvenes. No obstante, en ocasiones, sus hijos se ven influenciados por sus opiniones a pesar de que no sea su vocación.

Juan Diego Robles, tiene 19 años, y está a punto de graduarse como Tecnólogo Químico en Fármacos. Entró al CETI Colomos para complacer a sus padres: “Ellos querían que entrara aquí, no me dejaron hacer trámite a la UdeG ni a otras prepas, entonces terminé aplicando aquí”, cuenta Juan Diego, quien durante cuatro años ha luchado para que sus padres se den cuenta de lo mucho que le costó salir adelante con el reto.

Tener ansiedad, o algún otro problema de salud mental, es un caso común en CETI, dice Juan Diego, él cree que cuatro de cada diez alumnos logran desarrollar estrés, depresión o ansiedad.

“Me he vuelto una persona mucho más ansiosa desde que estoy aquí. Comienzo a rascarme los brazos, lloro de la frustración, me quejo con mis compañeros de equipo que no trabajan como yo, echo en cara a mis padres que yo no quería estar aquí”, relata Juan Diego, quien ya recibe ayuda psicoterapéutica para tratar su salud mental. 

La ganas de abandonar todo y decir: “hasta aquí llegué”, invaden la mente de Juan Diego; sin embargo, él está dispuesto a terminar para demostrar a sus padres que, a pesar de todo, pudo con el reto. Pero, ¿a costa de qué?

“Sí, ha sido en etapas, como cuando lo dices de manera vaga o de broma. O momentos en que lo consideras en serio, tú sólo, con tu carga de trabajo y no sabes cómo seguir después de todo el peso que estás sintiendo”, comenta Juan Diego sobre la idea de suicidarse.

El mismo Juan Diego analiza que aunque la salud mental es problema latente en el plantel, también existe una mayoría de gente que no lo desarrolla: “Yo creo que es personal, porque así como hay personas como yo que se llegan a sentir estresados y con ganas de abandonar todo, hay otros alumnos que se sienten cómodos estando aquí”, puntualiza.

“Es fundamental. No hay confianza para decir a los padres que se equivocaron, o que no están cómodos”, habla la Guadalupe Covarrubias, Coordinadora de las Clínicas de Atención Psicológica de la Universidad de Guadalajara, y quien además, tiene un hijo estudiando en el CETI Colomos.

Aprendizaje y salud de la mano

Fernando Muñoz ha sido profesor del plantel durante 19 años, y ha sido testigo del desgaste mental que padecen sus alumnos:

“Yo les tiro carrilla de que ellos pierden su vida social cuando entran aquí. Noto sus cargas de estrés, si le aunamos las exigencias que tenemos en nuestro entorno, desde chavo trabajar, hacer dinero, ser exitoso, porque la competencia está dura”, señala Fernando.

CETI Colomos no es la única institución donde el estrés y la ansiedad afectan a los estudiantes al punto de desarrollar problemas de salud mental. Un estudio encabezado por la doctora Rosa Martha Meda Lara, arrojó que el 60% de los estudiantes del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), sufren estrés académico.

“Los niveles de estrés van aumentando porque ha ido disminuyendo la tolerancia a la frustración. Entre menos tolerancia tienes, si se te demanda, se te exige, se te pide que seas cumplido en la escuela, llámese CETI o cualquier universidad, será menos la capacidad para responder a la presión”, expone la doctora Guadalupe. 

Este mismo problema también se ve reflejado en los estudiantes de las preparatorias incorporadas a la UdeG; en la encuesta: “¿Cómo estamos, cómo somos?“, realizada por la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) de la Universidad de Guadalajara, se precisa que un 29% de los estudiantes de preparatorio se han sentido agobiados en su vida escolar; el 28% ha sentido pánico sin motivos aparentes; un 26% ha tenido la sensación de que todo se les viene encima, y un 24% ha sentido que sus nervios han estado a punto de explotar.

Los anteriores resultados, como concluyó la propia FEU, preocupan porque son fuertes indicios de que los estudiantes de este nivel están presentando problemas de salud mental que se manifiestan por la presencia de insomnio, ansiedad y depresión. En este sentido, el dato más alarmante es aquel donde -como pasa con los testimonios del CETI Colomos– un  51% de ellos han sentido que las cosas no van bien en su vida académica y personal.

Tanto Guadalupe Covarrubias como Fernando Muñoz coinciden en que uno de los principales problemas recae en los docentes, ya sea por su inconsciencia o incapacidad:

“Llegan y les dejan un trabajo de ochenta hojas para mañana, y llega el otro profesor y deja sesenta hojas, entonces, le vas acumulando al chavo, lo vas a ahogando en las actividades que tiene que hacer. No logras lo que el profesor te dejó y sientes frustración; por ello, deben cambiar las condiciones para que el chavo aprenda de mejor manera, en ese sentido, creo que fallamos como institución”, señala Fernando.

Sobre esto, Guadalupe  Covarrubias también opina que los profesores deben prepararse no sólo para ser expertos en su materia, sino también para saber enseñar a sus alumnos. Para este reportaje se trató de hablar con la directora del plantel CETI Colomos, Kathya Sissy, para solicitar su opinión acerca del problema de salud mental expresado por los estudiantes y ex estudiantes de su centro educativo; sin embargo, ésta por cuestiones laborales no pudo atender la solicitud de entrevista realizada por este reportero.

Guadalupe Covarrubias, Coordinadora de las Clínicas de Atención Psicológica de la Universidad de Guadalajara, menciona que es preferible que el estrés y la ansiedad no se trate con medicamento inmediatamente, sino brindar el apoyo para ir al fondo del problema y solucionarlo:

“Hay problemas en casa, se va sumando, no es sólo la escuela, no es sólo la materia, no es sólo el profesor sea difícil, son muchos factores que desarrollan la ansiedad. Quieren tener novia, tener trabajo, tener dinero, pasear. Muchas cosas al mismo tiempo que también causan estrés”, finaliza.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el país 2.5 millones de jóvenes, entre los 12 y 24 años, viven con depresión; la cual es la primera causa mundial de suicidio, tema que en México es ya considerado un problema de salud pública porque es la segunda causa de muerte en jóvenes de esta misma franja de edad. 

De acuerdo con el investigador, Arturo Barraza Macías, el estrés académico es: “Un proceso sistémico, de carácter adaptativo y esencialmente psicológico, que se presenta cuando el alumno se ve sometido, en contextos escolares, a una serie de demandas que, bajo la valoración del propio alumno son consideradas estresantes“; por ello, como precisan los especialistas consultados para este reportaje, se requiere que los alumnos con estos síntomas se les dé una atención integral que les ayude a identificar aquello que los hace sentir desequilibrados o incapaces, pero también identificar qué prácticas dentro de las actividades docentes o institucionales pueden ser detonantes de estos síntomas.

Si crees que padeces estrés o ansiedad por las actividades que realizas en tu escuela, no dudes en pedir apoyo profesional; una opción es el Colegio de Psicólogos de Jalisco, el cual están ubicado en Sierra Nevada número 1046; colonia Independencia en el municipio de Guadalajara; si no puedes acudir también puedes llamar a los teléfonos: 33 42 0261 y 3342 0662, o escribir un correo electrónico a la siguiente dirección: colegiopsicologosjalisco@yahoo.com.mx

Publicado previamente en  zonadocs.mx

https://www.zonadocs.mx/2019/10/30/estres-y-presion-academica-los-enemigos-silenciosos-de-los-estudiantes/

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