Categoría: Historias de Ciudad

Historias de Ciudad

EL GALLO

Por Carlos Enrigue Ignoro cómo llegué  a concebir esta historia cuyo resultado me sirve para la reflexión acerca de que hay un lugar para cada cosa y cada cosa tiene su lugar; que cuando algo se sale de contexto se presta a los absurdos más grandes, tal es el caso de un vecino del suscrito que tuvo la mala idea de llevar un gallo a su casa, cosa que no tendría nada que ver si la casa de mi vecino se encontrara en una zona rural, pero tener un gallo en la calle Mar Rojo, es cuando menos, una situación

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VIAJE A ESPAÑA (1 de 2)

Por Carlos Enrigue Pues con la novedad de que se me presentó la oportunidad de ir a conocer la madre patria (hago la aclaración que la madre patria es España y el padre patrio Estados Unidos). La verdad me causaba muchísima ilusión. Lo primero era escoger un viaje que se adaptara a mis ganas de conocer y a mi presupuesto –de crédito, desde luego. Rechacé, por no convenir a mis intereses, varios prospectos, entre ellos “Tus 15 años en Viena”, en virtud de que ya pasé esa edad y no me interesaba un baile de festejo con cadetes de chambelanes;

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¿USTED QUÉ HUBIERA HECHO?

Don Agustín, no tiene su vida resuelta económicamente, pero hay una frase que siempre está en su mente: lo que no es suyo es de "alguien". El pasado domingo  27 de enero ,  caminaba en el mercado de San Felipe, en Guadalajara, cuando se encontró un monedero. Observó a la gente que pasaba a su alrededor con la esperanza de  ver si encontraba a la dueña. Pero no tuvo  éxito. El lunes siguiente, antes de iniciar el noticiero  GDL NOCTURNO  de Televisa Guadalajara, llegó una llamada, era Agustín, quien informó que había encontrado un monedero y buscaba a la dueña: AURELIA GONZÁLEZ.

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Mala dejada.

Beto venía por Av. 8 de julio, daría vuelta a la derecha en Lázaro Cárdenas y regresaría por Colón. La noche era joven, apenas las 9:30, esperaba recuperarse de lo mal que iba su día. Diez horas de trabajo arriba del taxi recorriendo calles y solo traía un poco más de 200 pesos, después de echar gasolina. La mejor dejada de su pesada jornada había sido de 120 pesos y fue por el llamado de una cliente asidua. La calle lo estaba tratando muy mal, pero tenía que insistir, necesitaba dinero. De pronto, vio que su suerte empezaba a cambiar;

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